Omar Rocha Velasco
Es una obra que plantea preguntas sobre los principios
que están detrás de la construcción de cuerpos, sexualidades, deseos y amores,
el procedimiento es creativo y sólo el teatro capaz de acogerlo:
- Cuatro mujeres cuentan su historia, al hacerlo “parodian” aquellas narrativas que sirven para afianzar la feminidad más tradicional: blanca nieves, cenicienta, pocahonta y sirenita. También un cuerpo masculino aparece en escena y poco a poco se va transformando en mujer.
- Los cuerpos dicen mucho en esta obra, quizá incluso más que las palabras, estos cuerpos se mueven todo el tiempo, esos movimientos son bruscos, ásperos, extraños para cuerpos femeninos que una mirada masculina está acostumbrada a ver.
- Estas mujeres hablan en un registro muy coloquial, sin gritar, sin recitar, sin ese despliegue histriónico que a veces deriva en puro rebusque y aspaviento.
- Se intenta hacer caer los ideales femeninos que las princesas de Disney proponen todo el tiempo, belleza, príncipe azul, final feliz, etc. El procedimiento tiene que ver con llevar el chlishé al extremo de la ridiculización, “¿por qué no le dejaste tu teléfono en vez de salir corriendo y dejar tu zapatilla?”.
- Se intercalan también algunas escenas surrealistas, sin sentido, pero sin desentono: pocahonta vestida de hombre araña, con y con pollera de caporala es subastada al público con una base de 350 bolivianos.
- Se gira alrededor de varias preguntas: ¿qué es la feminidad?, ¿cómo se construyen los cuerpos?, ¿cuánto me pertenece el cuerpo que creo ser?, etc. Cada persona tiene sus respuestas.
- El principio: esas cuatro mujeres están enojadas, lanzan manzanas (símbolo del pecado) al piso, se destruyen, dejan un aroma delicioso y hacen que el desplazamiento de esos cuerpos sea dificultoso.
- El final: Cada una termina de contar su historia, música alegre, cinco cuerpos femeninos se pasean y baila por el escenario, preguntas y desmontajes se han instalado.
Muchas
dificultades en el Museo Nacional de Arte, sonidos que vienen de calle, mala
acústica, segunda fila de público que no puede ver, en fin, en fin y además,
como decía mi abuelo.

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