domingo, 14 de agosto de 2016

EN LA MEMORIA
Alfred Villegas Lazo y Karina Humérez (miembros de la Escuela de Espectadores de La Paz)
Hay hechos históricos que no deben sucumbir a las sombras del olvido porque deben permanecer en la memoria, es el leitmotiv de Aywiña Teatro y Tabla Roja para llevarnos a esa época de miedos, abusos y luchas que fue la dictadura, la de Barrientos, cualquier dictadura, todas. De la mano de Elena, nos lleva a su infancia en la mina, al viaje de su padre, su búsqueda, la guerrilla del che, la resistencia minera, la masacre de San Juan de 1967 y al drama de la separación familiar que lleva a todos por diversos caminos hasta llegar incluso a la desaparición.
El grupo de jóvenes actores de teatro físico, logran momentos mágicos de virtualismo artístico, nivelando ciertos desniveles actorales, resultado de la dirección colectiva de la obra; que con una escenografía y vestuario minimalista apuesta por la expresividad del lenguaje corporal y las situaciones; la música acompaña en charango la trama, en el tiempo y lugares evocados, pero el músico en atuendo originario en escena generó disrupción en su presentación inicial, Queda la expectativa como ahora que la obra va cobrando vida propia, plasman ese elemento en la presentación en el Desnivel.
Nos lleva en un viaje al pasado a quienes vivieron algo parecido allá por los 80s, 70s y 60s de nuestra Bolivia y despierta la memoria colectiva de quienes no habían ni nacido en ese momento, una obra que deberia verse para no perder la memoria.

lunes, 1 de agosto de 2016

Los Rubiecitos

Omar Rocha Velasco




La “movida teatral” en la ciudad de La Paz ofrece, semana tras semana, obras que circulan fuera del circuito de los espacios oficiales o administrados por el Estado. Ciertamente, aunque no con la enjundia necesaria, existen espacios independientes que acogen, por temporadas  muy breves o presentaciones únicas, obras dignas de expectación y memoria, es el caso de Los Rubiecitos, a continuación algunas notas acerca de ella:
La dirección y dramaturgia estuvieron a cargo de Laura Derpic, sin embargo es importante destacar que un grupo grande de personas trabajaron en la obra. Al margen de los actores (Franz Baltazar, Fernando García Cormik, Eva Jarriau, Agustín Scalise, Miguel Angel Vigna) encontramos que hubo una diseñadora de vestuario (Florencia López), un diseñador de escenografía (Esteban Siderakis), una diseñadora de luces (Rocío Caliri), una ilustradora (Sonia Basch), una fotógrafa (Martina Esteli García), dos músicos (Esteban Sebastiani, Antonio Zimmerman), dos diseñadores gráficos (Sonia Basch, Fernando Viñas), una asistente de dirección (Martina Esteli García)  y dos personas que se encargaron del casting junto a la directora (Paula Baró, Martina García). Aunque algunos nombres se repiten, destaco esta ficha artístico/técnica, porque habitualmente en nuestro medio todos estos roles los asume el director y, en el mejor de los casos, uno que otro colaborador.
El Oso (Pancho) y el Enano (Fermín), es decir las letras O y E, escapan del libro Alma del niño y se van a conocer el mar.  Los rubiecitos, dos niños que aparecen en la portada del libro, y el soldadito –un colorado de Bolivia− los van a buscar y tratan de reinstaurar el orden; en efecto, las dos letras desbandadas  produjeron caos y desestabilización en el sistema, es decir, han descompletado el libro y su propuesta.
Varias razones hacen de ésta una excelente obra, aquí algunas de ellas:
·         Una muy buena actuación: los actores, tres argentinos, un boliviano y una francesa, asumen perfectamente sus personajes, ninguno desentona, no existe alguno que destaque más que otro, trabajan armónicamente. Las dificultades lingüísticas, las más esperadas y evidentes, fueron superadas sin hacer ruido en el conjunto. No es fácil recrear un mundo infantil para adultos con varias complejidades, el Oso y el Enano son rebeldes y temerosos, niños y adultos, cansados y vivarachos. Los rubiecitos son parecidos pero diferentes, malos e ingenuos, una enamorada del oso y el otro celoso.
·         Mucho humor, algo siempre refrescante en Bolivia y más todavía si ese humor es crítico y corrosivo, sin limitarse a sacar risas por sacarlas.
·         Muchas generaciones nos hemos alfabetizado con el libro Alma de niño de la afamada profesora Gladys Rivero Nogales. Los rubiecitos cuestiona las propuestas pedagógicas, discursivas e ideológicas del libro. Por ejemplo, esa visión patriotera y culposa de la pérdida del mar. La obra se presenta como una piedra molestosa en los zapatos de esas visiones tradicionales de los libros de texto que (de) formaron  generaciones y generaciones a partir del aterrador cuarteto: familia, escuela, patria, religión. En otras palabras, cae un ícono de la educación boliviana.
·         Utilización de recursos tecnológicos sin que sea algo forzado, más bien, contribuyendo a una excelente propuesta estética y escenográfica, una mezcla de mundo adulto y mundo niño, de años ochenta y sesenta, de libro borroneado y tachado, un enclave entre ficción y realidad.
·         El texto está muy bien construido, recoge fragmentos del libro Alma de niño paródicamente; plantea juegos de palabras –los guiños locales no son absolutamente incompresibles−; es juguetón y humorístico; incluye fragmentos de otros textos (algo de Alcides Arguedas, comentó la directora), pero sin desvanecer el mundo-libro al que nos invita: “cómo pica la pucacapa”.

Ya lo dije, una obra digna de expectación y memoria.